Marla llegó a la casa de sus abuelos con algunas compras para la semana. Lo que había propuesto para su viaje comenzaba a acabársele. No sólo debía permanecer mayor tiempo en tropea para sino pagarle días extras a la encargada de su madre.
Colocó las bolsas sobre la mesa, Carmina salió de la habitación al escucharla llegar.
—¿Cómo te fue, hija? No he parado de orar desde que saliste a casa de ese demonio. —Marla exhaló un suspiro.
—Traje algunas cosas para el almuerzo. ¿Me enseñas a prepar