Abel llegó una hora antes de lo previsto a la iglesia, arregló todo para aquel momento. De nada servía intentar detener el tiempo, aquello iba a pasar de todas formas. Si pensaba de forma positiva, en función de que era una oportunidad de poder en práctica todo lo que había aprendido, por obvias razones todo sería más fácil para él; enfocarse en el hecho más que en el sujeto, esa era la mejor opción.
La iglesia había sido prolijamente arreglada para la ocasión. La entrada de la iglesia estaba