Luego que la lluvia cesó, Abel pareció regresar a la realidad. La oficina estaba echa un desastre, la ropa de él y de Marla en el piso, el resto de fluidos corporales sobre el escritorio de caoba pulida, en la base del reclinatorio gotas aún de semen, todo era un caos.
—Debes vestirte, por favor. Tengo que arreglar todo esto. Pronto amanecerá y tengo una reunión con el cardenal.
Marla asintió y junto a él comenzó a recoger la ropa y a ordenar un poco la escena de aquel encuentro. Más de tre