Jerónimo condujo, mientras Karla seguía acariciando su miembro. Con extrema habilidad bajó el cierre y metiendo su mano, lo liberó de su escondite. Él, inclinó ligeramente la cabeza para ver como ella jugueteaba con su falo y como con la punta de su pulgar circundaba la pequeña hendidura.
—Esto lo extrañaba, su grosor y dureza —dijo ella refiriéndose al trozo de carne palpitante que sostenía con destreza.
Su mano comenzó a subir y a bajar sobre aquel músculo endurecido, haciendo que Jeróni