Su felicidad es la mía...
ARABELLA
No quería saber nada de nadie, por lo que, tan pronto llegué a casa, me fui directo a mi habitación, pero no contaba con que me estrellaría de frente con mi padrastro a tan solo unos pasos de llegar a ella. No tenía ánimos de hablar con él, pero se vuelve tan insistente cuando no hago todo lo que pide.
—Al fin llegas a casa, ¿dónde estabas? — cuestionó.
—Me encontré con Cora.
—Oh, hace mucho no la veo.
—Se mudó — fue todo lo que dije, sin ganas de seguir su conversación.
—¿Qué te