—¡Deja de reírte y da la cara, cobarde! — se acercó más, con toda la intención de golpearlo, pero antes de que pudiera hacerlo, Jacob atrapó su mano con suma rapidez en el aire—. Ni creas que voy a permitir que sigas pisoteando los sentimientos de mi mejor amiga. Habla con la verdad o te hago conocer el mismísimo infierno.
—Sé que no debía reírme, pero es que esa copia barata que tengo en algún lado del mundo es muy sincero, y su sinceridad siempre logra hacerme reír — carraspeó, apretando la