En la sala de espera Cora, Jacob y yo esperábamos impacientes alguna información de Arabella, pero entre más pasaban las horas, nadie salía a decirnos ni una sola palabra de su estado. La desesperación nos estaba consumiendo por dentro. Mientras Cora dormía entre los brazos de mi hermano, no tuve otra opción que contarle todo lo que había sucedido en el restaurante incluyendo esa confesión que se esperaba.
Le había pedido a Jacob que llevara a ese hijo de puta a la casa de tío en la playa sin d