Me mantuve en silencio y sin saber qué decir. Su ataque directo me dejó sin palabras. No había necesidad de contar algo que él ya conocía, pero ¿podré pedirle su ayuda a pesar de que cabe la posibilidad de que no crea en mí? ¿Qué puedo perder, si no soy nada ni nadie para él y al parecer para nadie?
—Te escucho — puso los codos sobre la mesa y me miró fijamente, poniendo mis nervios de punta ante su penetrante mirada.
Empujé las palabras de lo más profundo de mi interior, decidida a lanzarme