Capítulo 71. Problemas.
Después de ayudar en la afanosa tarea de asear y acostar a los niños, Iván se sentó agotado en un sillón ubicado en una esquina de su habitación.
Esperaba a Elena con el cuerpo sumergido en un latente estado de tensión, como si fuera un criminal a punto de ser llevado a la horca.
Ella entró azorada. Cerró la puerta con energía, se quitó los zapatos con los pies y lanzó sobre la cómoda las pulseras de hueso que había llevado en las muñecas.
—¿Qué hice para que desconfiaras tanto de mí? —preguntó