Ruth leía entre sus dedos la carta enviada por Lilia, su cuerpo no le respondía, comenzando a temblar. Lo que decía era aberrante, una completa locura. Eva se había salido con la suya, desperdigando la cantidad de secretos que por una u otra razón del destino sabía. Tenía la esperanza de atrapar a la condesa antes de que pudiera abrir la boca, pero había burlado a la muerte.
Sola en su cuarto, Ruth la maldijo en todos los idiomas posibles, su odio crecía conforme pasaban los minutos. Debía cont