Irina, que había permanecido callada, dio un paso atrás y, con una calma extraña, sacó su teléfono. “Voy a llamar a una ambulancia”, dijo, como si todo fuera un accidente sin mayor trascendencia.
Dimitrios no le prestó atención. Estaba demasiado preocupado por Amara. “Por favor, reacciona”, susurró mientras la tomaba entre sus brazos, pero Amara estaba inmóvil, sus ojos cerrados. El miedo a perderla lo consume, y algo dentro de él comenzaba a romperse.
La ambulancia llegó rápidamente, y Dimitri