"¡Padre!". El hombre exclamó claramente: "No te preocupes, puedes confiarme a Sabrina. Cuidaré de ella por el resto de nuestras vidas".
Al escuchar su promesa, Sabrina se quedó sorprendida.
Había sufrido innumerables dificultades no hace mucho tiempo, sin embargo, todo había servido para construirse un hogar.
Con el fin de asegurarse de que su hija no tuviera que vagar de ciudad en ciudad y sin hogar, como ella.
Su sueño finalmente se había hecho realidad.
Estaba con la persona que amaba.