"¿Qué...qué acabas de decir?". Sabrina parpadeó sin comprender. No podía creer lo que acababa de escuchar, pero al mismo tiempo, sabía que su audición estaba perfecta.
Además, Sebastian rara vez bromeaba, de hecho, nunca lo hacía. ¿Acababa de decir que le iba a poner los tacones delante de todos? Dio un paso atrás y tartamudeó: "Se...Sebastian, deja de bromear".
Sabrina no era una mujer dramática como para que un hombre la ayudara a ponerse los zapatos, por no hablar de que lo hiciera en públ