Sin embargo, a Sabrina no le importó. “Sebastian, aquella noche lluviosa, ¿la recuerdas? Esa noche, estabas en aquella casa abandonada y me preguntaste fríamente si estaba vendiendo mi cuerpo. Lloré y te dije que no lo hacía. Incluso me preguntaste sorprendido si era mi primera vez. ¿Te acuerdas de eso, Sebastian?”.
En ese momento, la cara de Sabrina estaba roja. No le importaba nada más, tenía que hacerle saber a Sebastian la verdad, no podía permitir que su hijo perdiera la oportunidad de con