En ese momento, Sabrina no sentía más desesperación. Lo único que tenía en mente era que debía hacer todo lo posible para convencer a Sebastian. Ahí estaba toda su esperanza. No le importaba si perdía la vida, solo luchaba frenéticamente contra los cuatro guardias. Sabrina mordió el brazo de uno de ellos y éste gritó de dolor, aflojando su agarre.
Sabrina luchó con todas sus fuerzas, y el último guardaespaldas tampoco pudo retenerla.
Sabrina corrió directamente hacia Sebastian.
“¡Sebastian! ¿