Jane no soltó el balde, sino que suplicó: “Mire, señora, puedo recogerlo. Por favor, solo déme una oportunidad. Necesito el dinero. Ochocientos al mes significaría mucho para mí”.
“…”. Alex observaba con dolor, sintiendo como si tuviera algo atorado en su garganta y en su corazón.
“Suéltalo, te llevaré adentro. Solo suelta el balde primero”, dijo la dueña.
Jane dejó el balde y miró a la dueña con alegría.
“Puedo darme cuenta que la vida no ha sido fácil para ti. Nuestro restaurante no suele