“¡Mmm! ¡La frase ‘lo siento’ vale millones viniendo de ti!”, dijo Sebastian.
El chófer no pudo reprimir su risa y al instante se echó a reír.
Kingston podía notar cuánta angustia, impotencia y agravio contenían las palabras de su amo. Incluso Aino, quien estaba sentada entre sus padres, tampoco podía evitar sentir lástima por su padre durante un largo rato.
“Papá…”. Aino levantó la cabeza y miró a su padre.
“¡Sí!”, contestó Sebastian.
“No debí haberte llamado Papá Apestoso”, se disculpó s