Madison no puede creer que su esposo, el hombre que dejó en el pasado, ahora se encuentre de casualidad frente a ella y que, ha ayudado al niño cuando en el pasado reciente era un ogro al que nadie podía siquiera acercarse sin su consentimiento.
—¡Hola, Arnaldo! —Saludó con respeto, tomando a su sobrino en brazos, dispuesta a desaparecer.
—Espera. ¿Estás embarazada? —Volvió a preguntar con la voz entrecortada. Aunque dudando de la situación, pues, no tenía señales de estarlo.
—Sí, lo estoy. —Af