Los esposos llegaron a la fiesta, el señor Ferreira le había ordenado a una de las empleadas domésticas que los esperara en la entrada y de inmediato los enviara a su estudio.
—Espero que mi abuelo ya tenga preparado los papeles para el divorcio. —Comentó Arnaldo.
—Eso es lo que más deseo. —afirmó la joven, formando un puño en sus manos por su cruel marido.
—Estamos aquí, abuelo. Nos pidieron que viniéramos ante ti antes de todo.
—Necesito hablar con urgencia, bueno, más preciso contigo, Madiso