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Sin necesidad de esperar una orden que venga de su primo, Sebastián sacó de prisa a la chica, la subió al auto y la llevó a casa. Ni siquiera supo en qué momento llegaron, los nervios estaban a flor de piel y la adrenalina lo hizo manejar de prisa, pero él ni se dio cuenta.

—Iré por el abuelo y Arnaldo, quédate tranquila, ellos están bien. Arreglaremos un par de cosas y volveremos pronto. —dijo, mostrándose sin preocupaciones.

Sebastián tomó de nuevo el auto y manejó hasta la clínica, la seguri
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