En otro lado de la ciudad, el señor Capetillo está atendiendo a unos estudiantes que se han peleado y les está haciendo conciencia de que están en un centro de estudio y no en la calle para que estén con peleas absurdas.
Su teléfono vibró. No es su costumbre atender llamadas cuando está ocupado, pero tratándose de su hija no duda en responder.
—Dime, hija, ¿le ha pasado algo a mi nieto o a ti?
Preguntó, y les hizo una señal con la mano a los estudiantes para que se retiraran de la oficina.
—Pa