A Arnaldo no le cayó en gracia que su mujer se estuviera burlando de él, incluso cuando le pedía perdón de rodillas y con lágrimas de arrepentimiento.
—Ya que te niegas a darme una oportunidad por las buenas, me estás obligando a hacerlo por las malas. Te informo que desde ayer por la tarde puse a trabajar a mis abogados para quitarte al niño, a nuestro hijo, mi amor.
Le advirtió el hombre, provocando que Madison se asuste por un momento con esa amenaza porque sabe que ese maldito es un desalma