Con la pregunta que los señores lanzaron al aire de que si ellos eran novios, Ameli y Arnaldo se voltearon a ver. Arnaldo sonrió divertido al ver el rostro de ella. Más bien, por un momento creyó que ella lo golpearía en la cabeza por atrevido, pero al final se relajó.
—¡Qué! —exclamó la enfermera confundida.
—Tranquila, es solo un mal entendido. —le susurró Arnaldo.
—Papá, no, ella no es mi novia, es una amiga que hace poco conocí. —aclaró.
El padre sintió un gran alivio al saber que ella n