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Desde aquella camilla, Arnaldo continúa insistiendo en saber la verdad sobre el pequeño que, al parecer, se mantiene ajeno a lo que los adultos están discutiendo. Bueno, eso es lo que ellos creían.
—Señor, lamento no continuar atendiéndolo, pues, mi responsabilidad es el área de cirugía y ya no tengo más nada que hacer aquí. —dijo Madison.
—Espera…
Arnaldo la tomó del brazo y la detuvo. Ella se volteó y le dio una merecida cachetada que le dejó rosada la cara.
El pequeño, que