En todo el proceso él me miró de manera divertida y… seductora, diría yo. Claro que en su trabajo es muy profesional y comenzó con sus preguntas personales hasta que culminó.
Preguntó si el hombre que me acompañaba era mi marido, yo sonreí y le dije que es mi padre y que mi esposo no ha podido acompañarnos. Ah, qué rabia, no sé en qué momento se me ocurrió confesarlo.
—Ah, ¿o sea que eres casada?—indagó.
—Sí— respondí.
—Eres muy hermosa, con todo respeto, déjame