El esposo se llenó de orgullo porque su hijo tendrá a una madre que, aunque él no esté presente, luchará con uñas y dientes con tal de defenderlo de la crueldad que asecha a este mundo.
—¡Pero qué dices!—exclamó con sobresalto. —¿Acaso me crees un asesino que mataré a mi propio hijo?
Madison, tu hermano, ha sufrido un accidente. Tu cuñada quería hablar contigo, pero le dije que era mejor mantenerlo en secreto por tu bien, hasta que estuviéramos en la clínica.
—¡Qué!, ¿cómo es posible? ¿Él está