74 El tesoro más valioso.
En la mañana Lorenna aún seguía dormida, de pronto sintió que tocaron su naríz, abrió los ojos, era Fabrizio, la estaba mirando con una sonrisa y se sentó a su lado.
—¿Cómo amaneció la bella durmiente? —Lorenna sonrió y le tocó el rostro con ternura.
—Amanecí como una mujer recién casada y enamorada. —Fabrizio besó su mano y le dijo:
—Quiero que tengamos una boda por todo lo alto como te mereces, no me gustó tu cara cuando nos casamos. —Lorenna lo miró tiernamente.
—Ese día no tenía esperanzas