Mariangel estaba en la piscina del spa, tenía en su mano un cóctel, estaba inmersa en sus pensamientos y estaba usando un par de gafas oscuras. De pronto llegaron sus dos mejores amigas, Gema y Samanta.
—¿Cómo estás amiga? —Se dieron un beso en la mejilla.
—Al fin decidiste venir al spa. —Dijo Samanta.
—Si, ya me hacía falta.
—Fueron casi siete meses de luto. —Mariangel sonrió con lamento, Samanta se dio cuenta que no debió hacer ese comentario
—Perdón amiga, no debí…
—No te preocupes, estuve