—¡Baja la voz! Aunque este viejo, puedo reprenderte, desde que conociste a esa mujer, te has vuelto un respetuoso con nosotros, te dimos la vida, y educación, ten respeto— el señor Di Monti, habló con autoridad
—dejanos solos, vayanse— ordena Cristhofer
El señor Di Monti, le iba a responder, pero la señora Di Monti, interviene —déjalo querido, nuestro hijo necesita meditar, y ver su grave error al haberse casado con esa mujer— la pareja de ancianos se marchan.
Cristhofer fija su mirada en la p