Cristhofer está boquiabierto al verla, es la mujer de sus sueños, hermosa y radiante, con una belleza inigualable, y con aquella alma tan transparente que lo hechiza.
Di Monti con sus manos sudadas, se acerca a ella. —buenas noches hermosa dama— habló muy caballeroso y educado, poniéndola más nerviosa
—Cristhofer…— menciona su nombre sin dejar de mirarlo a los ojos
—esta noche será tan especial, que no podrás olvidarla nunca y será quizás una más de tu colección de los pocos buenos recuerdos,