Capítulo cuarenta. Entre el paraíso y el infierno
«Vete, no quiero verte…»
«Vete, no quiero verte…»
«No quiero verte…»
Ryan sintió que estaba siendo echado del paraíso para ser arrastrado a lo más profundo del infierno. Ni siquiera podía decir lo que sentía en ese momento.
Las palabras de Emma eran dagas apuñalando su corazón, desgarrando su carne y su alma. Destrozando cada rincón de su ser.
—No, no puedes pedirme que me marche, Emma, no voy a dejarte, no puedo alejarme de ti, por ¡Dios! ¡No me hagas esto! —gritó él con voz rota, no obstante,