Punto de vista de Alaric
El despacho no había cambiado en décadas; seguía exactamente igual que lo recordaba. Paneles de madera oscura cubrían las paredes, absorbiendo casi toda la luz. Altos estantes repletos de libros antiguos que nadie leía ya.
El gran escritorio de mi padre ocupaba el centro, rayado y desgastado por años de uso. Dos lámparas verdes iluminaban la superficie, dejando el resto de la habitación en penumbra. A través de las altas ventanas se veía el exterior: la noche era negra