Punto de vista de Cassandra
Nunca me he sentido más avergonzada de mí misma. No sabía qué me mortificaba más: si el hecho de que anoche casi cedí ante él sabiendo que pensaba en otra mujer, o lo que acababa de pasar en la ducha.
Y la verdad dolorosa era que había disfrutado cada segundo. Se sentía mal en todos los sentidos, pero lo que me hacía sentir era francamente aterrador.
La ducha seguía cayendo sobre mí, pero no podía arrastrar la vergüenza ni la humillación. El dolor sordo y persistente