POV de Cassandra
Si antes tenía la cara roja, ahora estaba ardiendo. Me quedé mirando fijamente aquella arma que acababa de lanzar contra mí, completamente atónita, sin palabras.
¿Cómo demonios sabía que estaba excitada? No había hecho nada fuera de lo normal y, lo peor de todo, mi cuerpo decidió traicionarme aún más: sentí cómo se deshacían mis pliegues, cómo el calor se acumulaba entre mis piernas con más fuerza.
Y lo más humillante: que él supiera el efecto que tenía sobre mí solo conseguía