208 - No fue su culpa

—¡No es mi maldita culpa! ¿Dónde estabas tú, Sinclair? —gritó Cassandra con todas sus fuerzas, incapaz de soportar tanta injusticia.

Su pecho subía y bajaba de forma irregular mientras luchaba por controlar la respiración. Sus dedos apretaban las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Acababa de despertar y no podía creer lo que estaba escuchando.

Todavía tenía la cabeza pesada, el cuerpo débil y el corazón apenas sosteniéndose después de enterarse del estado de Sienn
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