Tres meses después.
—¿Cómo van las cosas? —indagó Elsa a Myriam.
Esa mañana se habían reunido para desayunar en un restaurante.
Myriam presionó sus labios.
—No dejo de sentir miedo —confesó, miró su plato y la voz se le quebró—. He intentado ser fuerte, pero cuando Gerald quiere tocarme, no puedo complacerlo, desde ese día, no hemos tenido intimidad —declaró.
Elsa se aclaró la voz.
—El miedo es normal, pero si está afectando tu vida sexual, deberías buscar un especialista —recomendó—, sé