En el segundo día de paseo, por el valle: Myriam y Gerald sentían como el viento les rozaba el rostro, observaban maravillados las amplias terrazas construidas por los antiguos Incas.
Los templos estaban revestidos de piedra y desde ese lugar la vista era maravillosa.
—Es increíble —comentó Myriam, tomándose varias selfies con su marido.
—Ha sido una experiencia maravillosa —comentó él abrazándola por la espalda.
Siguieron el recorrido y luego de más de dos horas de transitar por el valle,