33. Condenada
Brigitte no pudo contener el llanto todavía estaba dentro del privado del váter y temblaba de los nervios ante las amenazas en las que se encontraban, decidida a calmarse se llenó de valor y apenas salió se encontró con Amber quien tenía los ojos llenos de lágrimas.
— ¡Amber!...
— ¿Sorprendida verdad?, imagínate yo.
— No es lo que piensas.
— ¿Cómo fuiste capaz de algo así?, ¿Por qué lo hiciste?, ¿Por dinero?, ¿Tanto fue la avaricia que no te permitió ver más allá—, “Dios mío creo que el corazón