Me despierto de un salto, como si me hubieran echado un balde de agua hirviendo. Cuando me ubico en mi entorno, me doy cuenta de que ya no estoy en ese frío bosque, sino en la cama de Benjamin, entre sus suaves y cálidas sábanas.
Salgo de la cama de un solo brinco y me asomo a la ventana. Por suerte es de noche, y siento que no he dormido mucho, a diferencia de la última vez que desperté y descubrí que había estado en cama durante un mes.
«Benjamin lo hizo de nuevo, me dejó inconsciente.»
Sin e