Estoy a punto de darle una respuesta a Charles, aunque no confíe en él, pero el miedo me paraliza. El hombre deja de estar quieto y se acerca a mí, erizando mi piel. Ahora que conozco su verdadero rostro, su proximidad me causa escalofríos.
—Váyase, resolveré mis dudas con Benjamin —digo, esforzándome por mantener firme mi voz.
—¿Tienes miedo? —su sonrisa maliciosa me inquieta. Me observa, pero siento que su mirada atraviesa mi ser, como si viera a alguien más.
—Ya no confío en usted —admito co