Miro a los padres de Damián que esperan una respuesta expectante.
Obviamente, ambos quizás ya se hicieron una idea.
— Mis padres llevan una granja—respondo de manera simple y sin adornar la respuesta. Porque, sinceramente no hay nada de qué avergonzarse.
— ¿Una granja? — repite las palabras la madre de Damián antes de dar un gran sorbo a su copa de vino.
— Sí. Los productos de la granja se llevan cada semana al mercado local y allí mis padres despachan. Es algo que han hecho toda su vida.
Clara