Una vez Stella termina de hablar con el abogado, su cabeza se siente más abrumada que nunca y, así sale corriendo hacia el trabajo. Por mucho que lo intenta, igual llega tarde.
Amaia está apoyada en su escritorio cuando Stella entra.
—Miren quién decidió honrarnos con su presencia —la ironía se filtraba en tu tono.
—Lo siento mucho, Amia, el tráfico estaba… —Stella intenta justificarse, pero su jefa la detiene en seco.
—Ahórratelo, es solo otra excusa en la larga lista que tienes últimamente. N