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"Bien jugado", pensó con frustración.
Carl… era un perro.
Por eso Oliver se había mostrado tan seguro cuando ella lo acusó. Él sabía exactamente lo que ella había estado imaginando y, aun así, nunca la corrigió. Solo la dejó caer en su propia trampa.
El bulldog francés atigrado se removía ansioso en los brazos de Zoé, ladrando y moviendo la cola con entusiasmo. Apenas vio a Oliver, comenzó a sacudirse con más fuerza, desesperado por lanzarse a sus brazos.
Fue un espectáculo conmovedor.
Si no se