Capítulo 0003

Narrador.

Ebrio de más y totalmente fuera de sí, Aslan sintió cómo un cuerpo caliente y bastante suave cayó sobre el suyo.

—¿Eres tú Natasha? — se atrevió a preguntar, arrastrando cada palabra que Ashley no comprendía.

» ¿Has venido a discutir?

»Shuss—Le pidió silencio antes de agregar: — por favor, estoy cansado de pelear, ya no discutamos más—volvió a farfullar, pero ella ni cuenta se estaba dando que ese hombre ebrio que la tenía atrapada la había confundido con su esposa, la sadomasoquista, y a medida que le hablaba sus palabras se iban tornando menos entendibles.

—Seré lo que tú siempre has querido, Natasha, ¡me comportaré como el psicópata que deseas! — Esa voz retumbó dentro de la cabeza de Ashley, pero, nada entendió, puesto que esa persona balbuceaba cosas incoherentes.

De nuevo intentó incorporarse, pero el individuo al que no le podía ver el rostro la sometía con fuerza sujetando sus muñecas contra el piso.

—Pero ¡Qué demonios! — protestó Aslan encontrándose enfadado.

Tras cavilar que es justamente así es que a Natasha le gusta que él la someta, se detuvo porque en esta ocasión ella luchaba más de lo normal.

Sin embargo, prosiguió porque su ebriedad no le dejaba percatarse de que no se trataba de ella, sino que en su lugar había otra mujer inocente y asustada que ya se encontraba con lágrimas en los ojos porque no quería ser mancillada por alguien tan bárbaro.

A pesar de que se encontraba en shock, Ashley luchaba como fiera sin dejar de pensar en su amado o en ser salvada por un compañero e intentó zafarse sin poder conseguirlo dado que las manos rudas presionaban, y el poco tacto que Aslan ejercía era demasiada presión sobre ella.

Angustiada, movió las piernas, pero tampoco sirvió de nada. La poca luz que entraba por la ventana de pared de cristal completa de la oficina apenas le permitía ver el umbral de la puerta y su corazón empezó a latir a gran velocidad.

—¡Ayuda! — pidió en un grito ahogado por esos labios, que la silenciaba.

Le parecía desagradable el sabor a licor, ligado con el mentolado que posee el aliento de Aslan. — Por favor— suplicó temblando del susto.

Nadie respondió.

El sudor empezó a deslizarse por su frente al ver que ese hombre no estaba dispuesto a detenerse.

— Shuss, Natasha. — Trataba de silenciar sus labios colocando un dedo sobre ellos antes de volver a agregar: — Eres quien siempre pides esto, a mí no me gusta, pero ahora lo necesito, quizás yo esté tan enfermo como tú. De todo lo que dijo él, ella solo entendió enfermo y la risa que emitió al final.

— Sí, eres un enfermo, tienes razón. Suéltame por favor. — Volvió a pedir, él se detuvo e intentó observarla impertérrito, pero la falta de luz no se lo permitía.

Su cara estaba oculta por la oscuridad, sin embargo, con la poca luz que se colaba, ella pudo sentir la fuerza de su mirada, y ver la sonrisa que reveló una dentadura perfecta.

— S.r presidente ¡Le juro que no diré nada de esto, pero no me haga daño! —suplicó.

—¿Has cambiado de fetiche esposa? Ahora te haces inocente, ¡nunca lograré entenderte! — Su voz sonaba tranquila, quizás demasiado, solo que Ashley no comprendía que ese hombre la estaba confundiendo porque el alcohol y sus demonios se habían apoderado de su cordura.

» Nunca te conoceré, no importa el tiempo que llevamos juntos, nunca podré saber que quieres, pero me cansé Natasha, quieres a un maníaco, seré ese obseso que pides.

— ¿¡Qué dices!?— Ashley comenzó a llorar y de nuevo intentó liberarse sin éxito.

El dolor atravesaba sus muñecas como afilados cuchillos. El hombre que es extraño para ella se limitó a mirarla sin moverse, sosteniendo sus manos por encima de su cabeza, y la amplitud de su torso cubriendo el cuerpo de ella.

— Esposa, no tengo a otra, —Confesaba nuevamente arrastrando la lengua. — No podría porque te amo.

—¿Qué quieres de mí? ¿Quién eres? —Inquirió desesperada.

—Jugaremos a que yo soy el extraño—respondió él.

La sostuvo con una mano y con la que tiene libre le sujetó el mentón.

Las palabras del desconocido y su amenazadora cercanía le aterrorizaron.

—No sé quién eres, ni sé qué pude hacerte, pero si eres el jefe te prometo que renunciaré. Lo siento. Perdona no volveré a esta oficina, nunca había ingre… — Él la volvió a callar uniendo sus bocas y ella giró la cabeza hacia un lado.

Se sintió mareada por el miedo o quizás la causa era que él le había hecho respirar ese fuerte olor a alcohol. Notaba un ligero sabor dulce en la garganta y por unos instantes sintió que todo empezó a dar vueltas.

—¡Déjame!

La mano del hombre se introdujo bajo su blusa y la levantó con un movimiento decidido. Espantada, observó impotente cómo se acomodaba sobre ella, cómo arrancaba su blusa desgarrándola, y luego la falda.

Aslan examinaba su cuerpo.

Ella sintió sus manos apretando sus pechos, la presión de sus dedos sobre la carne, hasta que un grito de desaprobación salió de su garganta.

Él se inclinó sobre ella aspirando profundamente el suave aroma que emanaba su cabello.

—Hueles distinto Natasha—susurró.

» Si te gustaran los hombres románticos te diría que me encanta, pero solo te haré enojar.

Llena de estupor Ashley pestañeó a punto de perder la cordura.

Mientras él pasaba la lengua por el lado izquierdo de su cara a medida que ella se removía bajo su cuerpo con las pocas fuerzas que aún le queda.

—Voy a hacerte mía —anunció disfrutando de su cuerpo. — Voy a hacerte mía de todas las maneras que se me ocurran y, cuando termine, te darás cuenta de que no tienes por qué temer si nunca tendré ojos para otra mujer.

Con destreza rasgó la ropa interior hasta dejarla completamente desnuda, y luego se arrancó la camisa esparciendo sus botones por todo el suelo, mientras que ella escuchó el tintineo de su cinturón y la cremallera ser bajada rápidamente.

—Dime que me amas como yo a ti—le susurró al oído, mientras liberaba su falo y lo apoyaba en la entrada de su genital.

—¡No! —Gritó aterrorizada al notar cómo se clavaba en ella con brusquedad, no podía hablar; incluso le resultaba difícil respirar.

Ashley sintió la hombría del extraño penetrarla. A ella no le quedó de otra que apretar los puños y llorar de impotencia, debido a que había perdido lo más valioso que tenía, puesto que su sueño de entregarle su pureza a su prometido después de convertirse en su esposa.

Se movió dentro de ella y mordió su cuello justo como entendía que le gustaba a su esposa, rudo, salvaje; descontrolado y mientras más violento, más lo disfrutaba.

En un momento que él soltó sus manos, ella rasguñó su cara. Él colocado sobre ella, bombeaba con rabia y excitación. Ashley gritaba y lloraba, pero aquel demonio aumentaba la fuerza de sus embestidas con cada nueva súplica.

El dolor que sentía era horrible. Su cabeza funcionaba a mil por hora, y no entendía por qué le hacía eso y se preguntaba ¿qué había sido tan horrible para atormentarla de aquella manera?, para humillarla de forma tan cruel y depravada?

Aslan sintió cómo se retorcía de placer, y a ella los movimientos le parecían terribles y dolorosos. Y más desagradables se tornaron cuando él aceleró el ritmo y la atravesaba partiéndola en dos.

Después en silencio notó el latir de sus venas, el olor de su piel; un fino y casi imperceptible aroma le llenaba las fosas nasales: jazmín, flores del campo, y esencias.

Él respiraba con fuerza.

—¿Por qué siento que eres tan diferente? — preguntó en un leve murmullo y se apeó de ella.

Confundido en medio de su borrachera, y sin poder abrir los ojos se quedó justo en su lugar. Y ella, exhausta y adolorida, salió corriendo totalmente desnuda. Recogió los pedazos de telas desgarradas y no quiso detenerse más, pues el miedo invadía su ser.

Llegó a los cuartos de servicios, y la ropa que tenía preparada para ir a cenar con sus suegros y su futuro esposo se la colocó a toda prisa, y salió corriendo como si el mismo Lucifer la estuviera persiguiendo.

Una hora después, con la entrepierna adolorida, llegó a su casa.

—Ashley… hija, ¿no ibas a cenar con los padres de William? —preguntó su madre asombrada en cuanto la vio llegar llorando y se asustó porque su hija no le respondió nada y siguió directamente a su habitación, se dejó caer en la cama y la oscuridad se apoderó de ella.

—Ashley, mi vida, ¿dime que te sucede amor? — gritaba su madre al otro lado de la puerta, pero Ashley la escuchaba lejos.

Esa madrugada pasaba de una pesadilla a otra recreando en su sueño lo sucedido, y al día siguiente se encerró en el baño dejando que el agua caliente aliviará su dolor no tanto el de su pelvis, sino el de su alma que estaba rota.

Mientras que Aslan despertó temprano notando en la alfombra de la oficina de su padre la mancha de sangre y viéndose desnudo.

En medio de su desesperación se preguntaba una y otra vez: ¿qué había pasado?, porque no recordaba nada más que estar tirado en el suelo con la luz apagada esperando a que su padre apareciera.

—Aslan hijo, ¿qué significa esto? — Se quedó frío cuando vio que su padre lo observaba fijamente con reproche, ya que llevaba un buen rato mirando aquel desastre.

—No lo recuerdo. Vine a buscarte y parece que he lastimado a alguien— le respondió nervioso y avergonzado de sí mismo.

—Levántate y vete a casa.

El padre cerró los ojos con pesar, aunque entendía que ese accidente fue por la torpeza de un ebrio que no sabía lo que hacía, rogaba a Dios que esa torpeza no los llevará al borde de la arruina.

∆∆∆

Cuando Aslan llegó a casa, Natasha se le fue encima, y él la sostuvo de los brazos haciéndola un lado: — ¡déjame en paz! — Le exigió cansado y con mucho dolor de cabeza.

—¿Amaneciste en la cama de tu amante? —Seguía parloteando y en cuanto vio el rasguño que le había hecho Ashley en la cara a Aslan, furiosa aumentó más el tono para reclamarlo.

Él se acostó y ella siguió peleándole, — no me vas a dejar descansar— ella negó.

—Vete con ella.

—¿Eso quieres?

Ella desvió la mirada tratando de mostrarse indiferente a medida que bailaba un pie, manteniendo las manos colocadas en su cintura, y con su actitud soberbia le contestó:

—Sí. Aslan no te quiero ver.

Con fastidio y con el dolor martillándole la cabeza, por las pulsaciones causadas por la resaca, Aslan se levantó, tomó las llaves de su coche y caminó hacia el garaje con Natasha discutiendo a su espalda.

—¡Bájate de mi coche Natasha! — Demandó hastiado, no obstante, ella se negaba, él encendió el motor y ella seguía firme a quedarse, entonces él arrancó a toda velocidad con ella dentro.

—¡Detente Aslan, vamos muy rápido! —pidió asustada cuando vio que él pisó a fondo el acelerador.

Él lo hacía con el propósito de hacerla parar con sus discusiones incómodas, pero al momento de ir a bajarle a la velocidad no encontró freno y por más que zapateaba, se iba en blanco, por el contrario; la velocidad iba en aumento hasta que impactaron con otro coche.

En ese mismo instante Ashley se miraba al espejo, viendo su pelo revuelto y su rostro hinchado de tanto llorar. Todavía le temblaban las piernas y sentía dolorosas punzadas en el estómago.

—¡¡Me han destruido!! Y desde hoy viviré para obtener justicia— se prometió hablándole a su propio reflejo. Sabía que una muchacha pobre como ella solo perdería su tiempo si denunciaba que el dueño de una de las industrias más exitosas de ese lugar había abusado de ella. Por lo que debía buscar la manera de hacerlo pagar sin tener que ser tachada por la sociedad como una vil mentirosa que solo quiere extorsionar a su jefe acusándolo de algo que la sociedad va a considerar que no hizo.

Ashley pensó que en su mejor oportunidad lo haría querer morir; sin embargo, se volvió a preguntar «¿cómo lo haré?», puesto que reconoce que apenas es una empleada de un rango inferior que no tiene la posibilidad de acercarse a su jefe.
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