Enzo apretó los puños con fuerza, todo había terminado para él; giró la cabeza y con una seña le indicó a Emilio que se quedara quieto, porque de lo contrario se iba a desenfrenar una terrible balacera en el lugar.
—Daré un paso adelante y tomaré la pistola que tiene en la cintura, trate de no moverse, ¿qué quiere que haga con los asuntos pendientes en su ausencia? —habló Hanna en voz baja.
—Quietos no se muevan, ante cualquier movimiento brusco abriremos fuego —gritó uno de los oficiales.
—A