Los minutos transcurrían, pero para Hanna eran horas, Enzo había dejado su teléfono móvil siendo imposible que se pudiera comunicar con el exterior, por unos cuantos instantes ella sentía que tus piernas fallaban, así que Enzo la tomó de la cintura sosteniendo el peso de su cuerpo.
—¿Claustrofobia verdad? —ella respondió asintiendo con su cabeza, ya que un nudo se había apoderado de su garganta.
»Verás, este momento me hace recordar una situación que viví en el pasado, eran tiempos difíciles,