Mientras que Hanna buscaba a su hijo con la mirada, Valentino se acercó a ella y la tomó con fuerza del brazo, zambulló su cuerpo con furia.
—No logras imaginar cuanto me alegra que estés aquí —comentó Valentino dibujando una malvada sonrisa en su rostro.
—¿Dónde está, dónde está mi hijo? —preguntó ella bastante preocupada.
—Aún no lo podrás ver, si quieres ver nuevamente a tu hijo tendrás que hacer todo lo que te indique, te dije que me la ibas a tener que pagar y ya te diste cuenta que no e