Luego del intento fallido de Hanna para convencer a Dante para que le brindara su ayuda, Mía dando pasos cortos se acercó a la sala, allí se encontraba Dante sentado en el borde del sofá con las manos dentro de los bolsillos y la mirada puesta en aquel enorme ventanal.
—¿Estás pensando en ella verdad? —preguntó Mía y luego lo abrazó.
—No entiendo de que estás hablando —respondió Dante.
—¿Acaso te estás cuestionando por haberte negado a brindarle la ayuda a tu madre? —ante la pregunta por parte