-Tengo que hablar con ella…-
Hermes se giró hacia la salida, pero se frenó en seco cuando Dionisio lo agarró de un brazo y Hera del otro, como dos fuertes palancas que lo tenían apresado.
-Hermes…- le advirtió Hera- Si llegas a cruzar el umbral de esa puerta se acabó lo nuestro.
El joven se giró hacia su esposa y la miró con angustia, recordando por un instante todo lo que había construído los últimos años.
Se había enamorado de otra mujer, había llegado a tener la esperanza de poder seguir