74. Ha caído el rey
El rey Arthur, debilitado pero aún lúcido en su papel de monarca, yacía en su lecho real, su respiración entrecortada por la enfermedad y la preocupación. Los pesados cortinajes de terciopelo que adornaban la estancia apenas se movían.
—Huw, acércate —la voz del rey era apenas un susurro, pero cargada de una urgencia que hizo que el viejo sirviente se apresurara a su lado con una mezcla de preocupación y lealtad.
—Majestad, estoy aquí —respondió Huw, inclinando su cabeza con respeto.
—Necesito